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Pablo: tenía una casa, me la tumbó el temblor

   

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El rostro de Pablo de 6 años, se iluminó cuando lo invitamos a un taller de pintura. Su mamá nos contó que sus vidas quedaron sacudidas desde el terremoto del 19 de septiembre. Pablo ha estado aislado y callado, dibujando repetidas veces su casa en un cuaderno arrugado con una pluma roja que pudo conservar después de que su casa se desplomó.

Pablo vive en Huejotengo, Morelos, una comunidad rodeada de montañas a unos 100 kilómetros al sur de la Ciudad de México, vive con su mamá Blanca y sus abuelos.  

En menos de tres semanas, diversas ciudades y comunidades de México han sido seriamente afectadas después de los fuertes sismos. La confusión, la angustia y el temor se perciben en el ambiente. Miles de familias con niñas, niños y adolescentes duermen en las calles porque sus hogares están seriamente dañados, colapsados o por temor a otro temblor que ponga en riesgo sus vidas. Al menos, 7,000 escuelas están dañadas y otras tantas se usan como refugios provisionales. Todo esto está teniendo un impacto negativo en las niñas,  niños y adolescentes.

Pablo nos muestra en un dibujo el antes y el después de su casa. En la parte superior se observa una casa entera, en la parte inferior, sólo escombros que representa con formas circulares. En la escritura de un niño de 6 años, Pablo detalla: 

Tenia una casa pero me la tuvaron. Me la tumbo el tevlor” (sic)

Para Pablo es desconcertante pensar en por qué se movió tan violentamente la tierra aquel día, llevándose consigo su casa y todas sus pertenencias. La gran angustia se refleja en la cara de su mamá que no puede explicarle lo que ha pasado.

Todo está bien y en un minuto ya no. Es un proceso muy difícil de asimilar para alguien tan joven como Pablo.

Desde el sismo, la mamá de Pablo tampoco ha podido dormir bien y se muestra preocupada por su hijo: "Pablo estaba en shock, sólo me miraba y no decía una sola palabra. Todos los demás niños que estaban en la escuela lloraban y lloraban. Cuando me vio sólo me abrazó; no podía hacer nada más, sólo abrazarme. Llegamos aquí a la casa, miramos las cosas pero nunca me dijo nada”.

El estrés de Pablo se percibe a simple vista. La mirada baja, muy tímido sin despegarse de su madre. Difícilmente sonríe. Los niños que enfrentan episodios como estos pueden aislarse y resulta complicado poner palabras a sus sentimientos, porque nunca antes habían sentido ni pasado por algo parecido.

El trabajo psico-emocional de Save the Children con niños y niñas, tras eventos traumáticos derivados de fenómenos naturales como sismos, es fundamental en el camino de su recuperación plena. Jugar, pintar, correr, talleres para lidiar con la ira y el estrés, pueden parecer poco, pero forman parte de las estrategias del programa HEART de Save the Children, que tiene como objetivo sanar a niños y niñas afectado por estrés serio o crónico, para procesar y comunicar sus sentimientos relacionados con acontecimientos traumáticos.

El proceso de sanación comienza cuando un niño o niña comparte sus recuerdos y sentimientos, ya sea verbalmente o a través de expresiones artísticas con el apoyo de un adulto o persona de confianza. El resultado es un niño o niña que se siente menos aislado, más conectado y seguro, potencializando sus posibilidades de aprendizaje y un generando un sentimiento de esperanza para un futuro mejor. 

Pablo se reúne con otros niños y niñas en la cancha de basquetbol de una escuela en Huejotengo, donde Save the Children implementa acciones del programa HEART. Después de un poco de diversión y juegos diseñados para hacer que niños y niñas se sientan a gusto y comiencen a procesar sus experiencias, se les da un pliego de papel y pintura, en él,  Pablo vuelve a dibujar su casa, pero esta vez un gran sol amarillo brilla sobre ella y no hay escombros.

 

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