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Consecuencias de la obesidad y el sobrepeso en los primeros 1,000 días

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Antes de que la pandemia por COVID-19 llegara a nuestras vidas, las niñas y los niños de México ya se enfrentaban a otra emergencia: el sobrepeso y la obesidad.

 

La Organización Mundial de la Salud define al sobrepeso y la obesidad como la acumulación anormal o excesiva de grasa que supone un riesgo para la salud[1]. Tiene efectos negativos en el desarrollo de los sistemas del cuerpo, causando consecuencias al corto y largo plazo como enfermedades cardiovasculares; trastornos del aparato locomotor como la artrosis; resistencia a la insulina que puede causar diabetes tipo 2 y diferentes tipos de cáncer en el endometrio, mama o colon. Por otro lado, también puede contribuir a dificultades emocionales como la depresión y cognitivas al reducir el nivel educativo que pueden alcanzar las niñas y los niños[2]. Adicionalmente, ante enfermedades como COVID-19, se ha demostrado que quienes presentan contagio tienen mayores posibilidades de presentar complicaciones si padecen de obesidad o sobrepeso y son más propensos a desarrollar enfermedades respiratorias incluyendo cuadros graves de neumonía[3].

 

Sin embargo, la obesidad y el sobrepeso son prevenibles en la mayoría de los casos. Los hábitos alimenticios que aprendan las niñas y los niños durante sus primeros 1,000 días de vida y los nutrimientos que se integren a su dieta diaria, son esenciales para garantizar un desarrollo adecuado y una vida saludable.

La lactancia materna durante la primera hora de vida, al igual que la exclusiva durante los primeros seis meses y la complementaria hasta los 2 años, son medidas que ayudan a garantizar que las niñas y los niños cuenten con los nutrientes necesarios para su desarrollo. Por otro lado, es importante evitar el consumo de comidas chatarras y bebidas azucaradas, altas en grasa saturada o grasas trans y, por el contrario, introducir a la dieta de las y los bebés alimentos ricos en nutrientes en cantidades adecuadas para su edad[4], lo cual también ayuda a sentar las bases para hábitos alimenticios saludables por el resto de su vida. Lo anterior acompañado con actividad física, ayudará a prevenir que más niñas y niños padezcan de obesidad o sobrepeso.

 

¿Cómo cuidar de la salud y nutrición de niñas, niños y adolescentes durante la pandemia?

 

En México, la obesidad y el sobrepeso infantil son muy elevados. 22.2% de la población de 0 a 4 años se identifica con riesgo de sobrepeso, mientras que el 8.2% ya lo presenta[5]. Lo anterior es consecuencia del alto consumo de alimentos dañinos para la salud desde temprana edad. En este sentido, entre el grupo de edad de 1 a 4 años, el 83.3% consume bebidas no-lácteas endulzadas; 63.6% botanas, dulces y postres; y 48.6% cereales dulces, entre otras comidas no recomendables[6].

 

El alto consumo de bebidas y alimentos dañinos, y por ende el sobrepeso y la obesidad, es consecuencia de múltiples factores, entre ellos, los relacionados con la pobreza y la falta de acceso a alimentos saludables. En un estudio relativo al sobrepeso y la obesidad en condición de vulnerabilidad realizado por el Instituto Nacional de Salud Pública, se evidenció que la obesidad es más frecuente en poblaciones más vulnerables por la falta de empleo, la alta disponibilidad de alimentos con bajo contenido nutricional y menor acceso a servicios de salud[7]. Además, alrededor del 47% de niños y niñas de 0 a 23 meses sufren de inseguridad alimentaria y no reciben una dieta mínima aceptable[8] que contenga los nutrimientos necesarios para su adecuado desarrollo.

 

Como respuesta a la epidemia de obesidad y sobrepeso a la que se enfrenta el país, el Gobierno Federal ha adoptado medidas más estrictas para disminuir los altos índices, como modificar la Norma 051 para un nuevo etiquetado frontal de alimentos y bebidas no alcohólicas para proteger e informar a los consumidores; impulsar campañas de orientación nutricional y actividad física en escuelas para evitar la mala alimentación y complicaciones en los contagios por COVID-19; e implementar acciones de protección y prevención para garantizar la productividad y conservación de los sectores agrícolas para evitar que la inseguridad alimentaria continúe creciendo por la pandemia de Covid-19.

 

En Save the Children reconocemos que las acciones que se han impulsado son muy importantes, pero no suficientes para garantizar el derecho a la salud y a una alimentación adecuada durante los primeros 1,000 días de vida de las niñas y niños. En primer lugar, es fundamental que las campañas nutricionales también se incluyan en centros de atención infantil para orientar la nutrición desde los primeros años de vida. De esta manera, se puede garantizar que las niñas y los niños están aprendiendo de forma consciente y práctica hábitos alimenticios adecuados para el resto de sus vidas.

 

Por otro lado, dado el alto porcentaje de niñas y niños que presentan sobrepeso y obesidad desde sus primeros años de vida, es necesario desarrollar una política contra la obesidad y el sobrepeso enfocada en acciones de prevención para el grupo poblacional de la primera infancia, como la promoción de la lactancia materna en los primeros seis meses de vida, y la garantía de acceso a alimentos suficientes y nutritivos para las poblaciones que padecen pobreza alimentaria. Aunado a lo anterior, es fundamental que ésta esté acompañada de una Ley General en materia de nutrición y alimentación, con enfoque inclusivo e integral que permita establecer los principios y derechos para guiar a las autoridades federales, estatales y al sector privado en la protección y cumplimiento del derecho de todas las niñas, niños y personas en general, a una alimentación adecuada.

 

Finalmente, la pandemia ha amplificado la inseguridad alimentaria que sufren las poblaciones más vulnerables por la falta de acceso a alimentos adecuados, y por lo tanto, el Gobierno Federal debe garantizar que iniciativas como la Estrategia Integral de Asistencia Social Alimentaria continúen llegando a todas las familias que se encuentran en una situación de inseguridad alimentaria severa, y por ende, asegurar que las niñas y los niños en sus primeros años de vida cuentan con una nutrición adecuada.

 

 

[1] Organización Mundial de la Salud. Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud. https://www.who.int/dietphysicalactivity/childhood_what/es/

[2] Organización Mundial de la Salud (2016). Informe de la Comisión para Acabar con la Obesidad Infantil. https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/206450/9789243510064_spa.pdf;jsessionid=5EFD0C4C2AC87C1262E7CBA14B203B33?sequence=1

[3] Dr. José Gotés para Medscape (2020). Datos sugieren mayor gravedad de la COVID-19 en pacientes con obesidad. https://espanol.medscape.com/verarticulo/5905336_print

[4] Organización Mundial de la Salud. Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud. https://www.who.int/dietphysicalactivity/childhood_what_can_be_done/es/

[5] ENSANUT 2018 (2019). Presentación de resultados. https://ensanut.insp.mx/encuestas/ensanut2018/doctos/informes/ensanut_2018_presentacion_resultados.pdf

[6] Ibidem.

[7] Shanma-Levy T, Campos-Nonato Ca, et al. Para el Instituto Nacional de Salud Pública (2019). Sobrepeso y obesidad en población mexicana en condición de vulnerabilidad. Resultados de la Ensanut 100k. https://ensanut.insp.mx/encuestas/ensanut100k2018/doctos/analiticos/17-10585-sobrepeso.pdf

[8] Encuesta Nacional de Niños, Niñas y Mujeres (ENIM) del Instituto Nacional de Salud Pública y UNICEF: https://www.unicef.org/mexico/spanish/UNICEF_ENIM2015.pdf

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