Bienvenido al movimiento Save the Children

"LO QUE APRENDIMOS, JAMÁS SE NOS OLVIDARÁ" 7S y 19s

Staff gral 

Así vivió el equipo de Save the Children las horas siguientes a los terremotos de septiembre de 2017

“Estaba a punto de cumplir 50 años, cuando me avisaron de que debía acudir a Oaxaca para atender la emergencia”. Así recuerda Rubén Pérez aquel día frenético de septiembre en el que le pidieron que se desplazara desde Sinaloa hasta el Istmo de Tehuantepec. Un terremoto de 8.2 grados había sacudido la región y era urgente conocer el impacto en la zona, pero, sobre todo, atender a las personas damnificadas. “La presión era enorme”, desvela.

Ruben

Las primeras horas reinó el caos. “Ni siquiera nosotros sabíamos bien qué hacer, pero lo que pudimos, lo hicimos con amor, inteligencia y calma”, explica. Numerosas casas se habían derrumbado, algunas escuelas estaban destruidas y las familias tenían miedo a dejar sin vigilancia las escasas posesiones que aún les quedaban en pie, a riesgo de que un nuevo movimiento terminara por tirar abajo las débiles estructuras.

“Tuvimos que hacer abstracción de nuestro propio malestar y ponernos a trabajar porque no había tiempo de sentirse mal. Batallábamos como se podía. Dormíamos muy poco, pero éramos conscientes de que las familias a quienes ayudábamos tenían problemas más serios”, detalla Rubén. “Había que hacerlo lo mejor posible. Se prometió a la gente que íbamos a estar por lo menos un año y hoy demostramos que cumplimos”, subraya Fabián Razo.

Israel

En otro foco de atención, en Puebla, Israel Mozo describe cómo tuvieron que “unir piezas para crear un equipo que se fue fortaleciendo”. Al final, quienes tuvieron que refugiarse en escuelas habilitadas como albergues improvisados les adoptaron como “los chilindrinos” porque les costaba pronunciar Save the Children. “Pero todos sabían que los de la playera roja llegamos allí para quedarnos”, recalca orgulloso. Su compañera, Bárbara Galarza, lo vivió con gran emoción. Su municipio natal, Atlixco, resultó muy dañado por el sismo. “Sin embargo -reconoce-, al regresar a la oficina, había que contener al equipo”.

Barbara

El esfuerzo fue máximo. “Trabajábamos sábados y domingos”, explica Bárbara. Pero todo era poco cuando se trataba de ayudar a quienes lo habían perdido todo: “Recuerdo una historia que me dejó marcada. Visitamos un preescolar en el que los papás adaptaron los baños fuera, divididos sólo por cortinas. No había otra opción para ellos”.

Nidia

Nidia Gallegos también se emociona al recordar otro evento, esta vez, en Oaxaca: “Debíamos tocar a las puertas y preguntar a las familias cómo estaban y cómo estaban sus hornos. Tocaba a las puertas y no me abrían. Me decían ‘¡No!’. Pero qué bueno que no dejé de tocar porque al final alguien me abrió y la mujer que lo hizo fue una de las beneficiadas con uno de los hornos totoperos que entregamos meses después gracias al apoyo de ECHO”.

Daniela Terán lo narra así: “Nos cerraban las puertas porque pensaban que no íbamos a volver (…). Pero elegimos a 135 familias para apoyarlas con hornos totoperos y formaciones y, cuando fuimos y dimos la noticia a las familias seleccionadas, el 10 de mayo, nos dijeron ‘Es el mejor regalo que pude haber recibido en este día’. Sentimos que todo el esfuerzo había merecido la pena”. Gracias a la entrega de los hornos, las familias recuperaron sus ingresos y sus hijas e hijos pudieron regresas a las escuelas. “El pilar de todo son los niños y niñas, que están ejerciendo el derecho a la educación gracias a Save the Children”, señala.

Julio

Precisamente, para ejercer el derecho a la educación, precisa Julio Espinosa, se instalaron 34 aulas temporales que supusieron “uno de los grandes retos” de nuestra organización. “Al principio, muchas escuelas no las querían porque creían que no les iban a hacer caso si así podían impartir sus clases, pero aún ahora, después de un año, nos piden apoyo”, confiesa.

La respuesta de Save the Children tras los terremotos de septiembre tiene nombre y apellidos, pero, sobre todo, tiene rostro, el de decenas de compañeras y compañeros que, en esos días, se olvidaron de ellos mismos para pensar solo en quienes debían ayudar. “Fue un proceso muy difícil”, subraya Daniela. “Una experiencia de vida muy importante”, describe Bárbara. “Definitivamente, uno crece mucho como persona. Valió la pena. Lo que aprendimos, jamás se nos olvidará”, concluye Rubén.

Video: Testimonio de Fátima Andraca, Coordinadora de Respuesta Humanitaria

"...Llegamos a esa brecha donde ni el gobierno, ni las instancias privadas, ni otras OSC´s han atendido..."

Fátima

 

 

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