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Protección de los primeros 1,000 días ante situaciones de emergencia humanitaria

Protección de los primeros 1,000 días ante situaciones de emergencia humanitaria

El contexto en que nos encontramos por la pandemia de Covid-19, ha amplificado las carencias y desigualdades que viven las y los bebés.

 

Durante los primeros 1,000 días de vida de niñas y niños resaltan la inseguridad alimentaria, la suspensión de la educación inicial y el aumento de la violencia doméstica. Aunado a lo anterior, algunas niñas y niños se han visto afectados por la ocurrencia de fenómenos naturales como tormentas tropicales, inundaciones, huracanes y sismos que se han registrado en los últimos meses en el país. Este es el caso de la más reciente tormenta tropical Cristóbal, en donde las lluvias causaron inundaciones y deslizamiento de tierras que afectaron aproximadamente a 6 mil 700 familias directamente[1] y dejaron a 18 mil familias más sin recursos para trabajar[2].

 

Estas situaciones de emergencia perturban profundamente la continuidad de las atenciones que las niñas y niños en sus primeros 1,000 días deben recibir; además desarticulan los vínculos con su entorno familiar ocasionando que la probabilidad de morir antes de cumplir los 5 años se duplique.[3] La exposición a constantes factores de estrés tóxico causado por las emergencias, e incluso la pérdida de la madre, el padre y/o cuidadores, puede generar daños permanentes en el desarrollo del cerebro, perjudicando a largo plazo la capacidad de aprendizaje y la memoria.[4]

 

Por otro lado, el estrés tóxico causado por una situación de emergencia trae consigo problemas de salud a largo plazo como enfermedades del corazón, respiratorias, hígado y cáncer y psicológicos como depresión, ansiedad y desorden postraumático.[5]

 

Además, dada la dependencia que tienen las y los bebés durante sus primeros 1,000 días de vida con su entorno, es importante también garantizar que madres, padres y/o cuidadores cuenten con apoyo para proteger su estabilidad económica y salud mental durante la emergencia, y de esta manera asegurar que las y los más pequeños no pierden la atención receptiva que necesitan para desarrollar vínculos sociales y emocionales con sus familiares y su entorno.

 

Sin embargo, debido a factores como el cambio climático, las enfermedades con potencial epidémico, fenómenos geológicos como los sismos y también por crisis sociales y económicas, las situaciones de emergencia continuarán aumentando, poniendo en riesgo el bienestar de millones de niñas y niños en el país. Solamente en los estados de Campeche, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo, que han sido gravemente afectados por la tormenta Cristóbal, se pronostican 37 ciclones más para 2020[6]. Por otro lado, es de esperarse que estas situaciones de mayor exposición a fenómenos naturales, tengan un impacto mayor en las comunidades de menores ingresos, que tienden a localizarse en asentamientos irregulares y en condiciones de precariedad de la vivienda y el entorno. La vulnerabilidad radica en las condiciones de los propios asentamientos irregulares, que ocurren al margen de la planeación urbana, por lo que normalmente no cuentan con servicios básicos. Además, suelen carecer de dictámenes de factibilidad de usos urbanos y de no riesgo[7].

 

Los efectos de las emergencias pueden ser mitigados si se adoptan políticas de prevención y reducción de riesgos y se vigila su cumplimiento, que incluyan a niñas y niños durante sus primeros 1,000 días y sus familias para su implementación[8]. En este sentido, proponemos las siguientes recomendaciones para prever situaciones de riesgo que puedan traducirse en emergencias humanitarias que atenten contra el bienestar de las niñas y los niños.

  • Es fundamental desarrollar una política de suelo nacional que ayude al ordenamiento territorial del país, y así evitar que las familias sean forzadas a desplazarse a zonas de alto riesgo. Además, es fundamental que el interés superior de la niñez sea incluido en el desarrollo de la política.
  • Promover la creación de planes familiares de emergencia, en conjunto con las comunidades y protección civil de cada localidad, y que incluyan medidas de protección de riesgo para niñas y niños en sus primeros 1,000 días de vida.
  • Promover la colaboración de los Centros de Atención Infantil (CAI) y el Centro Nacional de Atención de Desastres (CENAPRED) para garantizar el personal de los CAI cuentan con mecanismos de apoyo para completar los requerimientos de protección civil.
  • Guiar a madres, padres y/o cuidadores en la enseñanza de situaciones de emergencia y planes de acción a niñas y niños de acuerdo a su madurez y edad.
  • Fortalecer los protocolos y planes de acción de comunidades propensas a sufrir los efectos de sismos, tormentas, huracanes u otras situaciones de riesgo.
  • En el caso de que haya ocurrido una emergencia, adaptar espacios seguros que puedan servir como centros de atención infantil, para que las niñas y niños continúen con la educación inicial durante sus primeros 1,000 días de vida.
  • Aunado a lo anterior, es fundamental que se cuente con espacios seguros para brindar apoyo a madres, padres y cuidadores y garantizar la atención a su salud mental.
  • Finalmente, Save the Children hace un llamado para que no se elimine el Fondo para Desastres Naturales (FONDEN) y el Fondo para la Prevención de Desastres Naturales (FOPREDEN). Es fundamental que estos fondos sean fortalecidos mecanismos de gestión de recursos más eficaces para que los desastres naturales no afecten la economía del país, y las poblaciones afectadas puedan atender a las familias afectadas por las emergencias.

 

[1] Reforma (18 de junio, 2020) Afectó Cristóbal a 6 mil 700 familias en QR. Consultado en: https://www.reforma.com/aplicacioneslibre/preacceso/articulo/default.aspx?__rval=1&urlredirect=https://www.reforma.com/afecto-cristobal-a-6-mil-700-familias-de-qr/ar1969581?referer=--7d616165662f3a3a6262623b727a7a7279703b767a783a--

[2] Save the Children México (2020). Las comunidades afectadas por las lluvias nos necesitan. https://apoyo.savethechildren.mx/inundaciones#hs_form_target_module_1488129007737555

[3] Organización Mundial de la Salud (2018). El cuidado cariñoso y sensible para el desarrollo de la primera infancia: Un marco mundial para lograr la acción y resultados. Consultado en: https://www.who.int/maternal_child_adolescent/child/nurturing-care-framework-first-consultation-es.pdf?ua=1#:~:text=El%20cuidado%20cari%C3%B1oso%20y%20sensible%20consta%20de%20cinco%20componentes%20interrelacionados,desplegar%20su%20potencial%20de%20desarrollo.

[4] Hald, Mark. (2014) Child Development: Bonding and Attachment. An overview of the impact of stress, neglect, and trauma on child development and attachment relationships.

[5] Ibidem.

[6]Comisión Nacional del Agua (2020). Gobierno de México preparado ante la temporada de ciclones tropicales 2020. Consultado en: https://www.gob.mx/conagua/articulos/gobierno-de-mexico-preparado-ante-la-temporada-de-ciclones-tropicales-2020-242779

[7]Clara Eugenia Salazar para el Colegio de México (2014). Irregular: Suelo y mercado de América Latina.

[8] Save the Children, Risk Frontiers and C&A Foundation (2018). Early Childhood and Disaster Risk Reduction. Consultado en: https://www.preventionweb.net/files/61523_67178earlychildhoodanddrrr2abriefsu.pdf

 

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