Bienvenido al movimiento Save the Children

 

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En México, la vida de las niñas y las adolescentes está en peligro.

Debido a su género, se enfrentan a la posibilidad de ser asesinadas, abusadas o vivir otras formas de violencia que pueden afectarles de manera permanente.

Este contexto nos urge, a Estado y sociedad, dar una respuesta integral que acabe con todas las formas de violencia que experimentan. Para lograrlo, necesitamos comprender las formas y causas de la violencia de género, visibilizar las dificultades particulares a las que se enfrentan por ser menores de edad y también mujeres, contar con políticas públicas que las aborden, y apresurar un cambio cultural que garantice la igualdad de género.

Las niñas y adolescentes de México, desde que nacen, enfrentan una serie de riesgos que ponen en peligro su vida y su futuro, solo por el hecho de ser quienes son. Su edad y género representan, en muchas ocasiones, los factores principales que las limitan a alcanzar el desarrollo de su máximo potencial. Nuestra cultura, nuestras instituciones y nuestras normas sociales, todavía no asumen a las niñas y adolescentes como sujetos de derechos, sino generalmente, como propiedad de alguien más.

Nos encontramos en un momento crítico, donde las niñas están experimentando las peores formas de violencia de género. Lo anterior se refleja en el incremento de los feminicidios de niñas y adolescentes en el país, cifra que ha aumentado de manera sostenida en los últimos años. Tan solo en enero de 2020 cada dos días, una niña o adolescente fue víctima de feminicidio[1] y al día de hoy hay 3,000 niñas o adolescentes desaparecidas. Los feminicidios son la máxima expresión de violencia hacia ellas, pero desde antes, están experimentando ya otras formas de violencia relacionadas con su género.

 

 

La concepción de que las niñas y adolescentes son las dueñas de su cuerpo y de sus decisiones no es la regla general. En su lugar, lo normalizado es aceptar que un tercero tenga control sobre sus acciones, sus deseos, su futuro y sus aspiraciones. Esta concepción acompaña a las niñas y adolescentes a lo largo de su vida y aumenta las posibilidades de sufrir diversas formas de violencia en su entorno: en sus familias, en sus hogares, en las escuelas, en los centros de salud, en las instituciones a las que acuden, en su trabajo y en las calles que transitan. No las estamos reconociendo como titulares y poseedoras de sus propios derechos. Aún no comprendemos que la principal obligación del Estado y la sociedad es garantizar que se desenvuelvan en un contexto óptimo que las incentive a crecer y soñar de la manera que ellas lo decidan. En su lugar, hoy más del 60% de las mujeres de 15 años o más mencionan haber sufrido al menos algún incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminatoria[2].

Un ejemplo de esta concepción, son los matrimonios infantiles o uniones forzadas, un fenómeno que profundiza brechas de desigualdad y pone en riesgo todos sus derechos. En México, una de cada 20 niñas de 12 a 17 años ha estado casada o unida, y en la mayoría de los casos, es con alguien mucho mayor que ellas (de 6 a 11 años mayor)[3], lo que exacerba, aún más, las diferencias. Estar unida a temprana edad define sus trayectorias de vida, pues las hace mucho más propensas a abandonar la escuela, a tener embarazos riesgosos o a ser víctimas de violencia física o sexual en su propia casa.

El 82% de niñas casadas y el 92% de niñas que viven en uniones informales no estudian[4]. Por su parte, la mitad de aquellas niñas que están casadas o unidas de manera informal van a tener un hijo o hija en su adolescencia[5]. En 2019, 77 de cada 1,000 adolescentes de 15 a 19 años de edad fueron madres[6]. El matrimonio a temprana edad tiene un efecto directo en su salud, su educación y sus oportunidades futuras, elementos que debilitan aún más su capacidad para ejercer todos sus derechos. No es suficiente con haber prohibido el matrimonio infantil, se requieren políticas públicas puntuales que atiendan esta causa, pues la mayoría de las uniones son informales[7].

Para muchas niñas, adolescentes y mujeres, su propio hogar se convierte en el principal espacio de riesgo. La dinámica de abuso desproporcionado que viven al interior de sus casas también refleja las desigualdades de género que hemos normalizado como sociedad, y que a veces alcanza sus peores formas. En muchas ocasiones se utiliza la fuerza corporal en contra de ellas, llegando a veces a ser mortal. Los datos muestran que cuando estos casos llegan a ser mortales y se logra registrar si hubo violencia familiar, casi en un 50% es a mano de su pareja, dato que incrementa desde la adolescencia[8]. A pesar de diversos esfuerzos, políticas y recursos, la violencia que las mujeres enfrentan al interior de sus hogares no se ha reducido, para ningún grupo de edad y en ningún estado[9]. Por esta razón, se concluye que son muchos los factores que están fallando.

Además de los riesgos en los que están envueltas las niñas, adolescentes y mujeres en sus hogares, también se encuentran expuestas a violencia en espacios externos como la vía pública o las escuelas.

La aceptación generalizada de vulnerar el cuerpo de la mujer se ha traducido en números preocupantes de violencia sexual, a pesar de ser un delito poco denunciado. Ésta, también afecta a niñas y mujeres de manera desproporcionada, y es una situación que se radicaliza cuando hay contextos de exclusión, pobreza o situación migratoria irregular. Por cada delito sexual que sufre un hombre, hay 9 mujeres que sufren un delito de este tipo[10]. Por ese contexto, en servicios de salud se atienden cinco veces más niñas, que niños por violencia sexual.

Lo anterior subraya solo algunos factores que se entrelazan entre sí y que expanden brechas de desigualdad de género, las particularidades van todavía más allá. Asimismo, esta situación se inserta en un ambiente de violencia generalizada por el que atraviesa nuestro país y que ha avanzado de manera sostenida en la última década. 

Es urgente que haya un mejor análisis y comprensión de este problema, que encuentra sus causas y expresiones en factores culturales que tienen que ver con la concepción de su género y su edad, y están enquistadas en la sociedad desde varios años atrás.  Si no se identifican y señalan las violaciones particulares y diferenciadas a las que se enfrentan las niñas y mujeres en el país, las propuestas de políticas públicas continuarán siendo incompletas y proponiendo soluciones poco estructuradas que no garanticen un cambio sustantivo en sus realidades.

Hoy en día, las instituciones que atienden casos de violencia de género tienen recursos humanos, técnicos y financieros limitados, así como una falta de articulación entre ellas, en todos los niveles. Las Fiscalías Especializadas, los Institutos de las Mujeres, los Centros de Justicia, las Procuradurías de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, entre otros, son ejemplo de ello. Esta situación es señalada en la última recomendación del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer al Estado mexicano[11] y se traduce en serias barreras de acceso a la justicia para las mujeres y en una impunidad generalizada de los casos a los que se enfrentan. También, genera que tengan miedo de hablar, y que el 75% de aquellas que sienten actos de violencia física y sexual por su pareja no solicite apoyo o presente una denuncia, porque hacerlo puede representar un mayor riesgo futuro.

Como Save the Children, levantamos la voz para poner un alto a la violencia que afecta a las niñas y las adolescentes, solo por el hecho de ser quienes son. Acabar con la violencia de género requiere que todos los sectores de la sociedad asuman una responsabilidad colectiva. Que trabajemos día a día en hacer una revisión y cambio de consciencia para transformar las causas y las consecuencias de las violaciones a los derechos de las niñas y adolescentes en nuestro país. Bajo esa premisa, hacemos un llamado:

A la sociedad, para transformar valores, normas y prácticas que impiden alcanzar la igualdad de género. En todos los ámbitos en los que las personas estamos en el día a día, tenemos que asegurarnos de mantener relaciones interpersonales basadas en el respeto, reconocimiento y promoción de la igualdad. La educación en casa debe evitar desde el inicio de la vida de niñas y niños, asignar y reproducir roles tradicionales de género, y se debe fomentar la asunción de responsabilidades por igual entre hombres y mujeres.  Es importante también observar la existencia de signos de violencia en los espacios públicos y privados, y denunciar independientemente de la relación que se tenga con quien los esté viviendo. También es tarea de todos y todas estar informados y ser empáticos, para poder identificar conductas machistas y evitar reproducirlas.

A los medios de comunicación, les instamos a visibilizar a las niñas y mujeres, a usar todas sus posibilidades de alcance masivo para promover la igualdad de género, así como a evitar la difusión de contenidos que estigmaticen, victimicen o revictimicen a las niñas y las mujeres.  

Al estado mexicano:

  • Poner al centro de las decisiones los derechos de las niñas y las adolescentes.

  • Fortalecer las capacidades de las instituciones públicas para prevenir, atender, sancionar y erradicar todas las formas de violencia contra la niñez, incluyendo perspectiva de género.

  • Garantizar que las medidas implementadas para prevención de feminicidios de niñas y adolescentes cuenten con un enfoque de derechos humanos y género.

  • Homologar el tipo penal de feminicidio en todo el país y asegurar la aplicación de protocolos adecuados de investigación con perspectiva de género.

  • Reparar el daño de todas las niñas y las adolescentes víctimas de violencia, y facilitar todos los mecanismos para acceder a la restitución de derechos y a la justicia.

  • Impartir justicia en todos los casos de feminicidio.

  • Generar campañas de transformación cultural que contribuyan en la reducción de la violencia hacia las niñas y las mujeres, cuestionado roles y estereotipos de género y promoviendo acciones desde un enfoque de cultura de paz y derechos humanos.

Queremos que las niñas y las adolescentes sean libres para aprender, para vivir y que estén libres de peligro.

 

Queremos que las niñas vivan sin miedo #NiñasSinMiedo

 

[1] Ibid.

[2] Encuesta Nacional de Inseguridad Pública. ENDIREH. https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/endireh/2016/doc/endireh2016_presentacion_ejecutiva.pdf

[3] Informe sobre Uniones Tempranas en México. Investigación en salud y demografía s.c. (INSAD). Resumen Ejecutivo 2017. Pág. 6. Disponible en: http://insad.com.mx/site/wp-content/uploads/2017/08/Informe-sobre-Uniones-Tempranas-en-Mexico_2017.pdf

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] https://www.gob.mx/inmujeres/acciones-y-programas/estrategia-nacional-para-la-prevencion-del-embarazo-en-adolescentes-33454

[7] Informe sobre Uniones Tempranas en México. Investigación en salud y demografía s.c. (INSAD). Resumen Ejecutivo 2017. Pág. 6

[8] Data Cívica. Claves para entender y prevenir los asesinatos de mujeres en México. http://datacivica.org/assets/pdf/claves-para-entender-y-prevenir-los-asesinatos-de-mujeres-en-mexico.pdf

[9] Ibid.

[10] Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE 2019). Citado por UNICEF. Disponible en: https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/envipe/2019/doc/envipe2019_presentacion_nacional.pdf /  https://www.unicef.org/mexico/comunicados-prensa/onu-m%C3%A9xico-hace-un-llamado-eliminar-todas-las-formas-de-violencia-sexual-contra#_ftn7

[11] Consultar en: https://tbinternet.ohchr.org/_layouts/15/treatybodyexternal/Download.aspx?symbolno=CEDAW%2fC%2fMEX%2fCO%2f9&Lang=en

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