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TRABAJO INFANTIL: UN EFECTO COLATERAL DEL COVID-19

Durante emergencias como la ocasionada por el COVID-19, la niñez y adolescencia enfrentan grandes retos como el trabajo infantil, el abandono escolar, violencia y otros.

 

Este año hemos sido testigos de un evento atípico: una pandemia sanitaria causada por el COVID-19 ha amenazado la salubridad del mundo. Ello ha provocado la alteración de las actividades de la sociedad obligándonos a un confinamiento para poder controlar sus impactos. Lamentablemente, las medidas para afrontar esta problemática han repercutido de manera negativa en la economía; en México, por ejemplo,tan solo entre marzo y abril, 12.6 millones de personas perdieron sus trabajos, renunciaron o cerraron sus negocios [1].

 

Ante la reducción de ingresos familiares, el aumento del trabajo infantil, sobre todo en condiciones de explotación, se posiciona como una alerta roja al ser una alternativa para complementar estas pérdidas. Actualmente, 3.2 millones de niñas y niños de entre 5 a 17 años trabajan en actividades económicas no permitidas -principalmente en empleos informales y sin prestaciones sociales- o en quehaceres domésticos no adecuados [2].

 

Con la crisis, además del aumento de esta cifra, las niñas y niños están aún en mayor riesgo de las peores formas de trabajo infantil (como aquellas relativas al crimen organizado) y, asimismo, los expone a otras actividades ilegales como la trata y explotación sexual; incluso, durante el periodo de confinamiento, la creación y divulgación de pornografía infantil ha crecido 73% [3].

 

Este panorama evidencia la necesidad de políticas públicas que garanticen la integridad y los derechos fundamentales de la niñez. Todos los órdenes de gobierno -federal, estatal y municipal- deben activar e implementar mecanismos de protección integral y especial.

 

En Save the Children proponemos medidas para asegurar su salvaguarda en la nueva normalidad. Por un lado, proponemos actualizar el Protocolo de Inspección para el Trabajo Infantil y Adolescente, establecer un Plan Nacional para Erradicar el Trabajo Infantil y sus Peores Formas 2020-2024; así como la creación de un protocolo para la detección y actuación en casos de abandono escolar e instituir los medios para la restitución de sus derechos.

 

De igual modo, abogamos para que los programas y servicios clave cuenten con recursos suficientes para operar eficazmente y se expandan a las familias que han sufrido pérdidas o disminución en sus ingresos económicos; en este sentido, es necesario establecer programas que atiendan las necesidades específicas de los jornaleros agrícolas migrantes y sus familias.

 

Finalmente, se deben mitigar los efectos económicos de la crisis mediante un plan de reactivación económica para las micro, pequeñas y medianas empresas con el propósito de que puedan afrontar la crisis y seguir operando; en este rubro, la coordinación con el sector privado será crucial para tener resultados satisfactorios.

 

Sin ninguna duda, hoy nuestros esfuerzos deben de ser aún más enérgicos en la protección de los derechos de las niñas, niños y adolescentes.

 

[1] INEGI, Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE), México, junio 2020.

[2]INEGI, Módulo del Trabajo Infantil (MTI), México, 2017.

[3]Guardia Nacional. Citado por Forbes México, mayo 2020.

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